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Actualizado hace 3 meses
Chet Faker, el alias tras el que se esconde el músico australiano Nick Murphy, es mucho más que una ingeniosa referencia nominal a la leyenda del jazz Chet Baker. Surgido de la efervescente escena de Melbourne, este artista logró romper moldes desde su debut con una propuesta que desafía etiquetas. Su imagen inicial —barba poblada, gorro de lana y una actitud despreocupada— acompañaba a un sonido que fusiona con elegancia el R&B contemporáneo, el neo-soul y una electrónica atmosférica de texturas ricas y envolventes. Su capacidad para transformar éxitos ajenos, como su ya icónica versión de "No Diggity" de Blackstreet, lo posicionó rápidamente en el radar de los 'coolhunters' internacionales, demostrando que detrás del seudónimo "sacrílego" había un talento vocal y compositivo de primer orden.
Su ascenso fue meteórico pero cimentado en el directo. Lo que comenzó con el EP Thinking in Textures y actuaciones íntimas en clubes como el Barts Club de Barcelona —donde sorprendió llenando la sala casi sin promoción—, pronto evolucionó hacia una carrera de gran calado. Faker demostró su valentía artística al remezclar incluso a referentes del dubstep como Burial, trazando puentes imposibles entre el folk y la pista de baile. Tras una etapa en la que decidió actuar bajo su nombre real, Nick Murphy, para explorar sonidos más experimentales, el artista regresó a su alias Chet Faker en 2021 con el álbum Hotel Surrender, recuperando ese groove relajado y melódico que lo convirtió en un fenómeno global.
En este 2026, Chet Faker se ha consolidado como un artista de culto que sabe navegar entre los grandes festivales y la calidez de los sets electrónicos más sofisticados. Su predicción de cambiar los pequeños clubes por los escenarios principales se cumplió con creces, siendo hoy un nombre imprescindible en las citas más importantes del mundo. Con nuevos trabajos que siguen explorando la intersección entre el instrumento analógico y el controlador MIDI, Murphy continúa demostrando que su "falsificación" fue, en realidad, una de las propuestas más auténticas y necesarias del pop alternativo de la última década.